Esta es una entrada un poco corta, porque mi viaje en tren a la ciudad solo dura una hora y aunque debería ser el ambiente perfecto (y cliché) para escribir, suelo distraerme con Manhattan que va de chiquito a grande en el fondo del "paisaje" y Sinatra que me canta al oído.
Creo que todos hemos vivido por lo menos una vez, una de esas historias que no acaban como imaginamos que acabarían o terminan mucho antes de lo que pensamos. Hoy así como filosofando, a mi cabeza vino el hecho de que aunque no hables o veas desde hace varios meses (incluso años) a alguien, sin querer queriendo igual se te aparece por ahí.
Es lindo que suene una canción y no poder controlar tu sonrisa. Es lindo escuchar una risa y voltear porque te parece conocida. Es lindo oler un perfume y quedarte respirando profundo un ratito más. Es lindo ver unas luces en el mar y olvidar por unos segundos dónde estás.
La memoria a veces funciona como garantía de que así no tengas a alguien al lado, siempre tendrás esos pequeños detalles que te harán vivir de nuevo momentos. Aunque ahora todo sea diferente y estés en un país diferente. En una etapa diferente. En un tiempo diferente. En un tren camino a la ciudad.
(Atrás Manhattan de chiquito a grande)
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