Me mudé:
Dicen que soy rara
Me llamo Arantxa pero se pronuncia Aran(z)a. Escribo porque así ordeno mi cabeza, porque es más barato que viajar a Nueva York, por si acaso algún día pierdo la memoria, porque no canto y porque actuar no es tan fácil como prender la radio y bailar (twitter: @conteequis).
jueves, 4 de diciembre de 2014
sábado, 19 de julio de 2014
Décima-octava entrada (Aprendizajes de junio y julio)
Pasé casi la mitad de junio y julio en otro país y cuando viajas definitivamente aprendes mucho, sobre todo cuando viajas con el plan de no tener plan y deambular sola por una ciudad, que si bien ya conocía, no visitaba hace más de un año.
Pero en general, junio y julio han sido dos meses de aprender muchas cosas. No solo por el viaje, por mi vida en general. Un día me dijeron que un portal de energía se abría en el universo y esto traía muchos cambios, quién sabe, tal vez esto tuvo algo que ver. O no. Acá mis aprendizajes, unos más superficiales que otros, pero aprendizajes al fin y al cabo:
Aprendí que cada cuatro años me gusta el fútbol. Aprendí que escribir me gusta más de lo que pensaba. Aprendí que hay insomnios que tienen nombre (algunos hasta apellido). Aprendí que hacer listas es lo mío. Aprendí que el dejo peruano es muy bello y se extraña mucho cuando estás fuera. Aprendí que siempre es bueno salir de lo cotidiano y dejar de verte el ombligo. Aprendí que se puede sobrevivir con muy poco presupuesto en gringolandia y aun así regresar con 5 pares de zapatos nuevos ;). Aprendí que hay personas buenas en todos lados. Aprendí que las sonrisas te abren muchas puertas. Aprendí que la vida es más difícil cuando no te adaptas a los cambios. Aprendí que en una semana te puedes acostumbrar a un nuevo país. Aprendí a agradecer cada día por la familia, que por suerte, me tocó tener. Aprendí a no tenerle miedo a enamorarme y que las personas incorrectas son de las que debo huir, no del amor. Aprendí que te puedes cansar de la pizza. Aprendí que no se mezclan los tragos. Aprendí cuales son las consecuencias de no hacerle caso a este último aprendizaje. Aprendí que las 'juergas' y el alcohol, no son los que hacen tu vida divertida. Aprendí que si un jean te queda bien simplemente DEBES comprarlo, no importa nada más. Aprendí que la mejor manera de combatir la adicción a las compras es no entrando a tiendas. Aprendí que el agua con limón es adictivo. Aprendí que los dulces azules son adictivos. Aprendí que no importa cuanto te aconsejen, al final debes hacer lo que te diga el corazón. Aprendí que el corazón se equivoca horrible y varias veces. Aprendí que la vida no es una película neoyorquina. Aprendí que las películas están inspiradas en la realidad y esta puede ser hasta demasiado complicada para la pantalla grande. Aprendí que soy una chica de ciudad, de edificios gigantes y tráfico infernal. Aprendí a agarrarle el gustito y truco a los suburbios. Aprendí que puedes ser realmente feliz cuando cumples un sueño tan tonto como cruzar un puente en una bicicleta. Aprendí que podría ser fotógrafa de edificios. Aprendí que no necesitas un chico a quien besar para disfrutar los mejores fuegos artificiales del mundo. Aprendí que tener amigos a quien querer es una de las cosas más valiosas que se tiene. Aprendí que la vida es bonita con todas sus mañas y que nunca te pone más peso del que puedes cargar. Aprendí que mi mundo es chiquitititititito. Aprendí que no todo el que te lastima es una mala persona. Aprendí que pedir perdón muchas veces le quita importancia a esta palabra. Aprendí a tenerme paciencia en mis caminatas solitarias de 6 horas. Aprendí que si tu plan es caminar tienes que usar zapatillas aunque no vayan con el 'outfit'. Aprendí que hay ciudades en las que puedes ser quien se te de la gana y nadie juzga a nadie. Aprendí que en un par de meses se deja de valorar todo lo que tienes y que es necesario viajar seguido para recordar lo lindo que es regresar a casa.
miércoles, 2 de julio de 2014
Décima-sétima entrada (En un tren camino a la ciudad)
Esta es una entrada un poco corta, porque mi viaje en tren a la ciudad solo dura una hora y aunque debería ser el ambiente perfecto (y cliché) para escribir, suelo distraerme con Manhattan que va de chiquito a grande en el fondo del "paisaje" y Sinatra que me canta al oído.
Creo que todos hemos vivido por lo menos una vez, una de esas historias que no acaban como imaginamos que acabarían o terminan mucho antes de lo que pensamos. Hoy así como filosofando, a mi cabeza vino el hecho de que aunque no hables o veas desde hace varios meses (incluso años) a alguien, sin querer queriendo igual se te aparece por ahí.
Es lindo que suene una canción y no poder controlar tu sonrisa. Es lindo escuchar una risa y voltear porque te parece conocida. Es lindo oler un perfume y quedarte respirando profundo un ratito más. Es lindo ver unas luces en el mar y olvidar por unos segundos dónde estás.
La memoria a veces funciona como garantía de que así no tengas a alguien al lado, siempre tendrás esos pequeños detalles que te harán vivir de nuevo momentos. Aunque ahora todo sea diferente y estés en un país diferente. En una etapa diferente. En un tiempo diferente. En un tren camino a la ciudad.
(Atrás Manhattan de chiquito a grande)
martes, 24 de junio de 2014
Décima-sexta entrada (la clase de chica que NO quiero ser)
El otro día estaba en una fiesta divirtiéndome, bailando, deseando que suene un reguetón y así como así me golpeó uno de ESOS pensamientos raros y como sabía que no era el momento apropiado para filosofar acerca de la vida, lo anoté en mi libreta mental y lo comparto aquí.
He intentado descubrir "que clase de chica soy" por bastante tiempo y no digo 'persona' porque considero que esto es un poco más fácil de saber. Eso se puede ver con tus creencias, costumbres, valores, etc, etc, et setera.. que te enseñan (casi obligada) desde que naces. Pero tú misma vas aprendiendo como se supone que debe ser una 'chica' y aprendemos a comportarnos de cierta manera y a tener ciertos gustos.
Hay muchos estereotipos de chicas que vemos caminando por ahí o intentamos estereotipar porque e más fácil para nosotros, pero en el fondo creo que todos somos una mezcla de bastantes cosas y soy la prueba andante de eso (o seaaaa tengo un playlist que se llama 'Sinatra y reguetón'). En fin, me voy por las ramas pa variar, a lo que voy es que a mis 21 años aun no he descubierto la clase de chica que soy, pero ese día mientras bailaba en una piscina (no pregunten), me di cuenta que sí se la clase de chica que NO quiero ser y tal vez ese es un buen comienzo.
Con esta lista no pretendo juzgar a nadie, ni decir que esta es la forma correcta de vivir o de pensar, solo intento ordenar lo que funciona para mí y como creo que YO soy o sería más feliz (cada uno es feliz a su manera y que nadie te imponga su forma de ver el mundo. He dicho). Tampoco quiero decir que nunca he hecho cosas de esta lista y tampoco que las haya hecho todas o que no las haré en el futuro (el mundo gira y gira y si algo he aprendido es que nunca hay que escupir al cielo). Acá la lista:
No quiero ser la clase de chica que...
-No se mete al mar porque no quiere malograr su pelo.
-No puede salir a la calle sin maquillaje
-No puede tomarse una foto sin maquillaje.
-Se emborracha hasta vomitar y borrar cassette.
-No puede tomarse un emoliente de carretilla.
-Se deprime si no sale a juerguear un fin de semana.
-No sale nunca a juerguear.
-No baila porque no conoce la canción.
-Piensa que su felicidad va a ser completa cuando consiga al principe azul.
-Cree que ser regia es su máxima meta en la vida.
-No se ríe muy fuerte.
-No canta en el carro a todo volumen.
-No se pone algo porque no está de moda.
-No puede viajar sola.
-Le da miedo tomar un micro.
-Dice pinky promise porque cree que se refiere al color rosado.
-Solo se divierte en una fiesta/discoteca si hay chicos simpáticos.
-Compite con sus amigas para ver quien besó a más chicos esa noche.
-Se arrepiente mil veces luego de comer un chocolate.
-Le da miedo ir al centro de Lima.
-Se considera el sexo débil.
-Se hace la estúpida para llamar la atención de un hombre.
-Le tiene miedo a los perros.
-Se emociona con la canción "but first let me take a selfie".
-Se avergüenza de sus cicatrices en las rodillas y/o en el brazo y/o en la pantorrilla.
-No puede salir sin aretes.
-No acepta que le inviten un trago.
-Solo sale esperando que le inviten tragos.
-No dice su edad.
-Tiene miedo a enamorarse.
-No monta bicicleta porque suda mucho.
-Usa tacos hasta para ir a la esquina.
-Ignora esos pensamientos raros que la golpean en una fiesta mientras se divierte, baila y desea que suene un reguetón.
domingo, 25 de mayo de 2014
Décima-quinta entrada (Malas costumbres)
Tengo la mala costumbre de extrañar mucho. Tengo la mala costumbre de viajar a Júpiter cuando salgo en mi bicicleta. Tengo la mala costumbre de perderme en caminos que he recorrido mil veces. Tengo la mala costumbre de empezar dieta todos los lunes y romperla todos los martes. Tengo la mala costumbre de justificar los textos cuando escribo. Tengo la mala costumbre de interrumpir cuando alguien habla porque no quiero que se me olvide lo que iba a decir. Tengo la mala costumbre de reírme muy fuerte. Tengo la mala costumbre de comer dulces azules así esté llena. Tengo la mala costumbre de hablar mucho de cosas sonsas. Tengo la mala costumbre de hablar poco de lo que siento. Tengo la mala costumbre de ser muy cliché. Tengo la mala costumbre de sonreír así esté triste. Tengo la mala costumbre de no contar el vuelto. Tengo la mala costumbre de borrar algo que escribí por miedo a que suene a indirecta (acá iba otra frase). Tengo la mala costumbre de pedir hielo aparte. Tengo la mala costumbre de querer invitar tragos cuando he tomado de más. Tengo la mala costumbre de no contar que mis "huidas" suelen ser de mí misma y no de alguien en particular. Tengo la mala costumbre de cantar como si fuera afinada. Tengo la mala costumbre de pasar mucho tiempo en tiendas viendo cosas que no necesito. Tengo la mala costumbre de comprar cosas que no necesito. Tengo la mala costumbre de sonreír mientras escribo caritas felices ":)" (como en este momento). Tengo la mala costumbre de escuchar reguetón cuando no quiero pensar. Tengo la mala costumbre de tratar bien a personas que no les debería ni hablar. Tengo la mala costumbre de renegar cuando sale el sol en invierno. Tengo la mala costumbre de llamar a mis amigos y no contarles que estoy triste porque los escucho muy felices. Tengo la mala costumbre de hablar mil veces del mismo tema. Tengo la mala costumbre de dar vueltas y distraerme con las calles como si no estuviera tarde. Tengo la mala costumbre de estar siempre tarde. Tengo la mala costumbre de querer conocer nuevos caminos e ir siempre por el mismo. Tengo la mala costumbre de preocuparme más por la salud de los demás que por la mía. Tengo la mala costumbre de hacerme un nuevo moretón cada semana. Tengo la mala costumbre de caminar saltando. Tengo la mala costumbre de extrañar mucho. Tengo la mala costumbre de escribir cuando extraño.
miércoles, 29 de enero de 2014
Décima-cuarta entrada (Dramas everywhere)
De cualquier drama que haya habido o pueda haber en mi vida, le hecho la culpa a las novelas mexicanas, argentinas y una que otra peruana. Como recordando me di cuenta de que he visto demasiadas telenovelas a lo largo de mis 21 años, sobre todo en mi niñez, y que si bien ya no las sigo viendo, tal vez aun hayan estragos de sus "enseñanzas" en mi vida, TODO MAL lo sé.
En fin, me provocó hacer un recuento de las que más recuerdo y lamento informar que aun me sé todas las canciones que publicaré a continuación. Quizás podría ganar un nobel si usara este espacio en mi memoria para algo más productivo (ok, nunca tanto), pero están en mi cabeza y no puedo hacer nada al respecto.
De Pobre diabla enamorada lo único que recuerdo es la obsesión que me causó de querer bailar descalza bajo la lluvia mientras levantaba mi vestido al ritmo de la música. La no-lluvia Limeña nunca ayudó mucho que digamos a cumplir esta fantasía, pero estoy segura de que TODAS las que vieron esta novela alguna vez, soñaron con meterse a la ducha con ropa y recrear esta escena (no daré más declaraciones al respecto de si lo hice o no).
Mi gran deseo de estar internada en un colegio para escaparme por las noches con un churro que tuviera moto, lo saque de Locura de amor. De esta novela también aprendí que si tu papá tiene plata nunca debes ser una presumida ya que puede ser un narco que termine en la carcel.
La única razón por la que hubiera hecho una fiesta por mis 15 años hubiera sido si Kuno Becker era mi pareja ese día. Qué onda con la obsesión de la protagonista de Primer amor a mil por hora por la fiesta de quince? Jamás lo entendí. Ni eso, ni sus colitas de pelo perfectas que nunca podía imitar.
Digamos que Floricienta marcó mi vida. Digamos que me obsesioné un poquito (mucho) con esta novela. Digamos que me creía Floricienta en una época. Digamos que me causó serio traumas que mataran al principe. Digamos que el poco temor que tengo de usar ropa de mil colores lo saqué de acá. Digamos que aun escucho las canciones. Digamos que si algún día me caso, mi esposo va a tener que bailar ese día la canción "Y la vida" conmigo (Escúchala aquí futuro esposo).
Como amaba a Rubí!!! Mi empatía hacia ella era tal, que lloré cuando todos los planes le salieron mal y terminó desfigurada y coja. Pero más colera me dio que "La coja maldita" que se vestia como monja, se quedara con todo. Sí sí mi lado malévolo salió a flote con esta novela.
La escena es así: yo en un columpio con 3 niñas más, a los 6 años cantando la canción de Travesuras del corazón, casi casi como si fuera el himno nacional que te obligan a cantar y aprendes por inercia pero no tienes idea de lo que en verdad dice.
Por Complices al rescate aluciné toda mi vida que tenía una gemela perdida por ahí.
Y bueno "last but not least" Marimar. Una de las primeras canciones que aprendí antes del año fue la de esta novela. ¿Por qué mi mamá decidía ponerme a dormir con esto en la tele y no con algún dibujito recreativo? Nunca lo sabré. Quizás esto fue el inicio de todo. Tranquila mamá, no hay rencores.
Lo peor de todo es que esta lista podría continuar y continuar y continuar. Quizás haga la segunda parte en algún momento. En fin, creo que ahora pueden entender un poco mejor a esta dramática, no?
domingo, 22 de septiembre de 2013
Décima-tercera entrada (Aeropuerto)
Personas que corren,
que huyen de sus destinos.
Personas felices, emocionadas,
resignadas, desesperadas.
Sonriendo, esperando,
esperando, esperando, esperando.
Perdidas, desubicadas.
Caminando como en casa.
Que miran al suelo,
que buscan el cielo,
que aman este proceso,
que ya se aburrieron.
Personas decidiendo el camino.
Sintiéndose espontáneas,
mientras esperan en fila
y pagan el sobrepeso.
Personas que quieren irse.
Personas que quieren quedarse.
Personas que buscan puertas.
Personas que no se encuentran.
En el piso y de pie.
Despidiendo y recibiendo.
Cansadas de contar minutos.
Cansadas de contar años.
Sabiendo que regresarán,
sabiendo que no volverán.
Con la esperanza de hacerlo,
con las ganas de creerlo.
Viendo el futuro.
Recordando el pasado.
Ese que está lleno de terminales,
de huidas que no duraron,
de despedidas que no avisaron.
Maletas que se quedaron en el camino.
Sueños que se volvieron realidad.
Personas que rieron y lloraron.
Besos de esos para recordar.
Partiendo y a la vez llegando.
Aun con resaca.
Momentos congelados.
Recuerdos empacados.
Maletas que no suben al avión.
Personas buscando que hacer,
buscando y soñando,
encontrando y olvidando,
amando y no olvidando.
Rostros que sonríen.
Que se ríen.
Que prometen.
Que se despiden.
Que hablan mucho de lo mismo.
De esos septiembres que cambiaron con una pasta.
De esas ciudades que no descansan.
De esas personas que encuentran un día.
De esos aeropuertos,
de esas incómodas sillas.
Y siguen esperando.
(Marzo 2013. JFK)
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