miércoles, 29 de enero de 2014

Décima-cuarta entrada (Dramas everywhere)

De cualquier drama que haya habido o pueda haber en mi vida, le hecho la culpa a las novelas mexicanas, argentinas y una que otra peruana. Como recordando me di cuenta de que he visto demasiadas telenovelas a lo largo de mis 21 años, sobre todo en mi niñez, y que si bien ya no las sigo viendo, tal vez aun hayan estragos de sus "enseñanzas" en mi vida, TODO MAL lo sé.

En fin, me provocó hacer un recuento de las que más recuerdo y lamento informar que aun me sé todas las canciones que publicaré a continuación. Quizás podría ganar un nobel si usara este espacio en mi memoria para algo más productivo (ok, nunca tanto), pero están en mi cabeza y no puedo hacer nada al respecto. 


De Pobre diabla enamorada lo único que recuerdo es la obsesión que me causó de querer bailar descalza bajo la lluvia mientras levantaba mi vestido al ritmo de la música. La no-lluvia Limeña nunca ayudó mucho que digamos a cumplir esta fantasía, pero estoy segura de que TODAS las que vieron esta novela alguna vez, soñaron con meterse a la ducha con ropa y recrear esta escena (no daré más declaraciones al respecto de si lo hice o no).


Mi gran deseo de estar internada en un colegio para escaparme por las noches con un churro que tuviera moto, lo saque de Locura de amor. De esta novela también aprendí que si tu papá tiene plata nunca debes ser una presumida ya que puede ser un narco que termine en la carcel. 


La única razón por la que hubiera hecho una fiesta por mis 15 años hubiera sido si Kuno Becker era mi pareja ese día. Qué onda con la obsesión de la protagonista de Primer amor a mil por hora por la fiesta de quince? Jamás lo entendí. Ni eso, ni sus colitas de pelo perfectas que nunca podía imitar.


Digamos que Floricienta marcó mi vida. Digamos que me obsesioné un poquito (mucho) con esta novela. Digamos que me creía Floricienta en una época. Digamos que me causó serio traumas que mataran al principe. Digamos que el poco temor que tengo de usar ropa de mil colores lo saqué de acá. Digamos que aun escucho las canciones. Digamos que si algún día me caso, mi esposo va a tener que bailar ese día la canción "Y la vida" conmigo (Escúchala aquí futuro esposo).


Como amaba a Rubí!!! Mi empatía hacia ella era tal, que lloré cuando todos los planes le salieron mal y terminó desfigurada y coja. Pero más colera me dio que "La coja maldita" que se vestia como monja, se quedara con todo. Sí sí mi lado malévolo salió a flote con esta novela. 


La escena es así: yo en un columpio con 3 niñas más, a los 6 años cantando la canción de Travesuras del corazón, casi casi como si fuera el himno nacional que te obligan a cantar y aprendes por inercia pero no tienes idea de lo que en verdad dice. 


Por Complices al rescate aluciné toda mi vida que tenía una gemela perdida por ahí.


Y bueno "last but not least" Marimar. Una de las primeras canciones que aprendí antes del año fue la de esta novela. ¿Por qué mi mamá decidía ponerme a dormir con esto en la tele y no con algún dibujito recreativo? Nunca lo sabré. Quizás esto fue el inicio de todo. Tranquila mamá, no hay rencores.




Lo peor de todo es que esta lista podría continuar y continuar y continuar. Quizás haga la segunda parte en algún momento. En fin, creo que ahora pueden entender un poco mejor a esta dramática, no?


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